martes, 6 de septiembre de 2011

Desmontando la proporcionalidad

Es increíble la ausencia de reflexión jurídica que hay en un debate sobre tema eminentemente legalista en el Congreso del a República. Que no es menuda la cuestión de un referéndum para instaurar la cadena perpetua para ciertos delitos (cuáles es lo de menos) ya lo sabíamos, pero que aquello no tiene nada que ver con el derecho es algo nuevo hasta para quienes nos representan en favores democráticos.

El debate se ha contextualizado sobre aquellos puntos sobre lo que es imposible estar en desacuerdo: ¿a quién no le parece una atrocidad que se someta a actos sexuales no consentidos a menores de edad? ¿Quién podría dudar de la peligrosidad de individuos que patológicamente son de dudosa rehabilitación?

Pero lo que está en juego es otra cosa: se trata de principios ya connaturales a nuestra cultura penal: la función rehabilitadora de la pena y la proporcionalidad entre la conducta reprochada y el castigo son pilares fundamentales de nuestra cultura penal. Más a los verdes poco les importa esto. Hay que ir a los lugares comunes: para ser compasivo con los menores de edad hay que implementar una norma que, transversalmente, cambia toda la filosofía de nuestro ordenamiento penal, para terminar obteniendo prácticamente nada, o mejor, lo que se obtendría aplicando rígidamente la ley actual, cuyas penas no son espectaculares, pero son más que suficientes para el cumplimiento de la función retributiva que -también- tiene la pena.

Hacen falta juristas responsables, aquellos que no estén siempre del lado populosamente correcto: de la imposible restitución de tierras, de la fiscal locura de reparación de las víctimas, de la cadena perpetua para violadores de niños. O es que acaso cuando a alguien -que no sea el comandante paracaidista del otro lado del Orinoco- le preguntan si está de acuerdo con la paz del mundo dirá que no. Lo mismo pasa en los reinados de belleza; la diferencia con quienes rigen los destinos de la patria es que éstos deberían ser capaces de fundamentar filosóficamente su posición.

Qué Dios nos ampare....

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