lunes, 19 de diciembre de 2011

LAS CIRCUNSTANCIAS DE LA POLÍTICA

Las circunstancias de la justicia que John Rawls propuso, siguiendo a David Hume fueron definidas como “las condiciones normales bajo las cuales la cooperación humana es tanto posible como necesaria ¿habrá que preguntarse por la política? ¿existen unas circunstancias esenciales al buen ejercicio de la política? ¿son las condiciones de elección, ejecución rendición de cuentas y control suficientes para satisfacer las exigencias de la soberanía popular?

La respuesta empírica sería inexorablemente negativa y eso, por supuesto, llama a una revisión del sistema o por lo menos a una reflexión concienzuda de nuestro medio, porque, definitivamente, en Colombia no se dan esas exigencias: la corrupción es rampante y la respuesta de los entes de control más parece una competencia por el rating de los “grandes” medios de comunicación nacionales.

Al mismo tiempo, las prioridades de la agenda política nacional están dictadas por los medios de comunicación: ¡es más importante un hueco en Bogotá que las inundaciones del Bajo Cauca antioqueño! Aunque hay medios de comunicación serios, lo cierto es que no logran salir del altiplano a conocer la verdadera Colombia. Basta cambiar el canal de uno nacional a uno regional para darse cuenta que Colombia son muchos países.

El presidente Santos se hizo elegir sobre un estilo de gestión inmediata, a la mejor manera del hoy expresidente Uribe, pero de aquello no queda sino el recuerdo. Se ha dedicado Santos a cuidar su imagen: nada más que eso. Para él las inundaciones son el karma de su gobierno y no el de millones de Colombianos que literalmente tienen el agua en la cintura. Suponemos que eso son tonterías al lado de la Reina Isabel, que sí tuvo la sensibilidad de cuestionar el tema.

Que equivocado está el presidente cuando comenta que el invierno no lo ha dejado gobernar: el invierno no ha dejado vivir a los colombianos en condiciones dignas. Además, éste invierno, que no es anterior, estaba avisado. No se vaciaron las represas en previsión de lo que podía pasar y está pasando. De Manizales mejor ni hablemos, aquél tema merece una columna entera. Pero bien decía el expresidente Uribe: “este es un gobierno de anuncios y no de hechos”.

Pero la gente no se deja engañar: la popularidad de Santos ha bajado alarmantemente y eso sí que lo debe tener preocupado a un Presidente que dice que sólo consideraría la reelección si no cumple sus metas, cuando los reelegibles son los presidentes exitosos y no los que fracasan en sus gestiones.

Pero Santos tiene buena estrella. Los golpes a las Farc le han servido para mantener el aura de popularidad que nunca debió tener. El exitismo -así lo negaran- fue la estrategia que mantuvo al presidente a la orden del día, porque lo demás, incluyendo a su “nuevo mejor amigo” no atrae a las personas decentes sin intereses burocráticos. En fin, lo único bueno que pareciera tener esta presidencia es su oficina de prensa, que maquilla los fracasos como éxitos rotundos: !esto es el mundo al revés!

El presidente Santos ha traicionado los principios que lo eligieron. Muchos de nosotros votamos por él para evitar la oposición y porque Andrés Felipe Arias, aquél promisorio sucesor, fue boicoteado, nada menos, que en Antioquia. Pero quedamos con la oposición en el Gobierno y con el doctor Álvaro Uribe en la oposición: sin duda el peor de los mundos ¿qué nos queda? Hacer oposición valerosa, desde nuestros principios liberales (me refiero a la ideología y no al partido), esperanzados en que la inmensa mayoría que acompaña a Uribe, fuera de la alta alcurnia de los clubes bogotanos, sepan corregir el camino y Uribe liderarlo.

En Medellín, a los 20 días de diciembre de 2011

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